
De este modo se delinearía el nuevo contrato amoroso, donde todo pasa por extender en forma indefinida el noviazgo y no compartir el mismo techo. ¿Es una manera de mantener las ventajas de la soltería? Un informe de Libre, el suplemento dominical de Crónica.
En general son parejas que mantienen una relación estable y duradera, pero cada uno vive en su casa. El fenómeno crece y hay quienes sostienen que es una forma de evitar el desgaste de la rutina y de cuidar los espacios propios. Lo cierto es que se ha transformado en una alternativa a los múltiples modelos de familia actuales, donde la independencia parece ser una garantía de durabilidad del amor.
Cada vez más personas eligen vivir romances intensos, pero en casas separadas y sin someterse a ninguna clase de compromiso legal. Todo habría comenzado a partir de algunos cambios sociales que se fueron dando en la segunda mitad de la última década y tal vez uno de los motivos pueda relacionarse con la independencia económica y una mayor presencia de la mujer en sectores laborales que antes eran de exclusividad de los hombres.
Es decir, en este nuevo modelo de pareja no habría impedimentos ni reglas que pudieran interferir en el desarrollo personal de sus integrantes. Desde el trabajo a casa, pero cada uno a la suya, sin que peligre la intensidad del amor y la perdurabilidad del romance.
Según los nuevos estudios ambientales realizados en nuestro país, esta modalidad de relación se viene extendiendo en las grandes ciudades y el promedio de edades de las parejas rondaría entre los 30 y los 50 años.
Para muchos sería una manera de mantener las ventajas de la soltería y, al mismo tiempo, disfrutar de toda la pasión que se genera en cada encuentro (ver recuadro). Ciertamente estos nuevos modelos o códigos de pareja difieren de los de nuestros padres y abuelos, y para muchos amantes puede convertirse en un interesante estilo de vida.
La idea de no comprometerse formalmente es uno de los factores que pesa en este particular modo de afrontar una relación. Al respecto, se han generado grandes debates sobre los pros y los contras del amor con casas separadas. Algunos piensan que una persona puede ofrecer todas las garantías afectivas, pero compartir el hogar no siempre convence de igual modo. De allí la conclusión de que amar sin convivir resulta menos problemático y más beneficioso para ambos.
Para otros el peligro mayor de estas relaciones radica en la infidelidad ya que, al no existir una vida en común, pueden ser más frecuentes las “canitas al aire”. A esto último se contrapone el pensamiento de las personas que viven separadas, quienes en general ignoran los celos y califican este sentimiento como un signo de inseguridad y dependencia.
Lo veo magnifico, para las empresas obviamente, es decir, que mejor que parejas viviendo en dos sitios diferentes, que mantienen dos vidas por separado. Pero aguarden ¿qué pasa si aún con este lavado de cerebro desean convivir?, repartimos: cama, lavatorios etc, y el que no pueda pagarlo puede darse una vuelta por el ejército de salvación y recrea un lindo estilo vintage.
Respeto a quien lo haga, pero no es nada mas que un reflejo del hombre de este tiempo, cada dÃa mas light, (por lo tanto con menos huevos) y encaminandose a grandes pasos a convertirse en gordos de oficina sin musculos ni testosterona... que horror.... gimnasia obligatoria, sino, paredón...
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