
Suplemento Leo. De la cancha al escenario, de los insultos a los aplausos... El árbitro Germán Bermúdez, quien dirige en Primera "B", expresa su pasión por la música interpretando canciones de Serrat. Además anima eventos en su faceta de locutor.
Por Florencia Bombini
Recibir insultos por la tarde y aplausos por la noche ya forma parte de su rutina. Correr durante el fin de semana para llegar a hacer todo lo que lo apasiona, también.
Pero así es la vida de Germán Bermúdez, el árbitro que hoy dirige en Primera “B”. O el cantante que interpreta a Joan Manuel Serrat junto a su amigo, compañero y pianista Sebastián Emlek. O el locutor que condujo desde noticieros hasta las fiestas de AFA o los premios Alumni.
Depende la hora, se pone un traje u otro. Pero, a los 35 años, se siente un afortunado por el hecho de “poder vivir o sobrevivir de lo que me gusta”.
-¿Por qué elegiste el arbitraje?
-Fue cuando me propusieron dirigir el torneo intercursos en mi colegio. Yo estaba en cuarto año y me llevaba bien con las diferentes divisiones, incluso con los chicos de quinto. A partir de entonces, tuve una mala relación. El árbitro siempre es el antihéroe.
-¿Por qué no te inclinaste para el lado de jugador?
-Siempre tuve bien en claro mis limitaciones futbolísticas. Soy un número dos bastante rústico, pero voluntarioso. Jugué con mis amigos en el barrio, pero nunca tuve la expectativa de ir a probarme a un club. No soy un jugador frustrado.
-Pasás de ser el más insultado al más aplaudido
-Es la compensación clásica de la vida. Uno sabe a lo que se expone al ser árbitro y el insulto forma parte del folclore. Y uno espera recibir un aplauso cuando canta.
-Un árbitro dijo una vez que el insulto es un mal necesario
-Recuerdo una frase de Rafael Furchi: “El insulto de uno duele, pero la puteada de 40 mil en una cancha de Primera es la música más maravillosa”. Y es un poco así.
-¿Escuchaste alguna vez un insulto relacionado con el canto?
-Me acuerdo un partido que jugaba Defensores Unidos contra Berazategui en Zárate. En un momento hubo que interrumpirlo porque la gente se había subido al alambrado. Entonces fui con la policía para que se bajaran y uno me gritó: “Bermúdez, no te voy a ver nunca más, nunca más pago una entrada para verte”. Yo no sabía que había un loco en Zárate que venía hasta Buenos Aires para ver los shows.
-¿Y por qué elegiste la música de Serrat?
-Porque una compañera del secundario me regaló un cancionero cuando teníamos 14 años. Me pareció piola lo que Serrat escribía, aunque mucho no entendía porque era chico. Con el tiempo me fui dando cuenta de que tenía razón y empecé a comprar los casetes. Comencé a cantar arriba de sus canciones en la ducha o en el comedor de mi casa. A los 19 me encontré con un pianista al que le apasionaba igual que a mí la obra de Serrat, y ahí arrancamos con este emprendimiento. Empezamos en casas de cultura y a la gorra. Y el boca a boca nos llevó al Café Tortoni, donde cantamos siete veces. Después aparecieron eventos. Decidimos empezar a invertir para alquilar un teatro y así se fue armando un espectro
de gente interesante que, gracias a Dios, nos sigue bastante.
-¿Siempre con Serrat?
-Siempre. Quiero dejar en claro que no es imitar, sino interpretar. No es comercial. Si fuera así, hubiese elegido otra música que tuviera mayor venta.
-¿Te identificás con alguna canción?
-No, porque Serrat tiene una canción para cada momento. Les ha escrito al fútbol, al amor, a los paisajes de la vida
diaria, a las experiencias. Hay son temas de cabecera que no pueden faltar en ningún concierto: “Cantares”, “Tu nombre me sabe a hierba”, “Penélope”, “Lucía”, “Esos locos bajitos”, “Aquellas pequeñas cosas” o “Mediterráneo”.
-¿Se te complica programar los recitales por los partidos?
-Los martes se designan los árbitros y nos enteramos si dirigimos. Si sé que el sábado tengo una fecha a la noche, debo llamar y pedir por favor que me pongan el domingo. Y corro el riesgo de que, como somos quince para diez partidos, directamente saquen la bolilla dos, que es la de Bermúdez, y me quede sin dirigir. Sé a lo que me expongo. Pero después de los 45 años, cuando se termina la carrera arbitral, tengo que seguir viviendo de otra cosa. Uno no se salva dirigiendo fútbol. Por eso apuesto profesionalmente al canto y a la locución.
-¿Hoy qué priorizás entonces?
-El arbitraje pero, si me aparece un evento, una fiesta importante o un circuito para tocar en diferentes lugares todos los meses, le daría prioridad a esto para empezar a hacer el camino después de esta carrera.
-¿Cómo te caracterizás como árbitro y como cantante?
-Soy un apasionado por lo que hago. No me sobra nada pero tampoco me falta tanto. Y lo compenso con el hecho de poder vivir o sobrevivir de lo que me gusta, que no es fácil en Argentina. A veces uno tiene que estar con una pierna armando el bolso y saliendo para la cancha, y con la otra volviendo para ir a cantar a otro lugar. Pero soy feliz con los oficios que tengo. Mi vida profesional se compone de estas tres patas. Elegí por vocación la locución para que sea mi medio de vida; el canto surgió como un hobby pero se hizo profesional y me encanta; y el arbitraje siempre fue mi pasión y la manera de estar vinculado con el deporte que amo, que es el fútbol. Y como decimos los árbitros, jugamos los partidos sin tocar la pelota.
-Si tuvieras la posibilidad, ¿modificarías algún punto del reglamento?
-Creo que estamos en una etapa donde la tecnología tiene que ser parte de este deporte. Si se pudiera en el caso del gol lo implementaría mañana mismo con un sensor o lo que sea. Porque los goles definen los partidos. A la velocidad que va la pelota, muchísimas veces es imposible que el ojo humano lo vea. Y los asistentes no siempre pueden estar parados sobre la línea porque están pendientes del penúltimo defensor.
-¿Esto es lo que tienen que entender tanto técnicos como jugadores?
-Es que, si les va mal, los técnicos duran cuatro partidos. El fútbol es una picadora de carne. Sé que este hombre se está jugando el laburo todos los días. Nosotros tratamos de no equivocarnos, pero es lógico que nos equivoquemos, es humano.
Sus encuentros con Serrat
Se dio el gusto nomás y Germán Bermúdez tuvo su merecido encuentro con Joan Manuel Serrat.
“Lo traté dos veces. La primera, en 2003, a través de Claudio Gelemur, su representante en Argentina, que me dijo: ‘A vos te tiene que conocer, cantás muy bien’. Nos llevó después de un concierto y Serrat esperaba que yo le pidiera un autógrafo, pero yo le dije: ‘No
me interesa el autógrafo o la foto. Le vengo a contar qué es lo que hago. Canto sus canciones cuando usted no está por acá’. A partir de ahí no tuve contacto hasta el 2006. Yo había hecho un DVD y se lo quería llevar. Fui a su hotel y justo me lo cruzo en la entrada cuando estaba saliendo. Le digo: ‘No sé si usted me recuerda’. El me respondió: ‘Por supuesto. Tú eres el muchacho que anda cantando mis canciones por aquí’. Entonces le pedí un minuto y le di el DVD y además le regalé una camiseta de árbitro. Entonces me agradeció, me preguntó si tenía el último disco, le contesté que sí y me dijo:
‘Seguro no tienes uno autografiado por mí’. Agarró y puso: ‘Para Germán Bermúdez, un agradecido recuerdo’. Me
llamó la atención porque hasta ese momento nunca le había dicho mi nombre. Entonces, el registro de que hay alguien en Argentina que canta sus canciones lo tiene”, relató.
Además, el árbitro dejó en claro: “Trato de no idolatrar. Lo admiro a partir de la obra, de lo que escribió, de la interpretación y la coherencia que tiene de lo que se difunde de sus actos a cada momento de su vida. No me interesa demasiado lo que hace en su vida privada y me gusta que no me interese”.
"El arbitraje siempre atenta contra la rutina"
La vida sigue más allá de la línea de cal. A los 45 años, aproximadamente, llega el momento de que el mismo árbitro dé el pitazo final y cierre una etapa. Y si bien falta mucho, Germán Bermúdez ya está preparado.
Porque podrá vivir de la música, de la locución o de la docencia. Sí, es el hombre de los mil oficios. Bermúdez se recibió de locutor a fines de 1996, cuando apenas tenía 20 años.
“Trabajé en Crónica TV con Anabela Ascar y Carlitos Alvarez. Guardo un lindo recuerdo. Conduje el noticiero de Canal 26, pero empecé a dirigir la reserva de Primera División y tuve que elegir”, expresó.
Aunque él también va más allá de las tarjetas y del micrófono. “Estudié inglés y soy profesor”, disparó. Otra profesión más: “Gracias a Lucho di Fonti, que es locutor de Víctor Hugo y mi padrino profesional en el ISER, conseguí la chance de dar clases de fonética en el ISEC, formando a locutores y periodistas. Ejercí dos años a la mañana”.
Aunque otra vez el “pito” le impidió continuar: “El arbitraje atenta siempre contra la rutina”.
En concierto
Germán Bermúdez se presentará el sábado 22 de octubre
a las 21 en el Bar Cultural La Forja (Bacacay 2414, Flores). Se pueden hacer reservas al 4637 3955.
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